martes, 25 de junio de 2013

Un dia a la vez

Aquí está, sentada junto a mí, como siempre, mientras escribo estas líneas sobre ella.

Ha sido mi mejor amiga a lo largo de unos años. Ha sido mi sombra, el paladar que prueba primero cada pedazo de comida que me como, el ronquido que imita el sonido del mar y me acompaña en mis sueños, la fomentera de mis días veintiocho, el cojín atravesado en las caderas para ver televisión, ha sido mi confidente, la culpable de mi ropa sucia, de mi cama llena de pelos, la responsable de fortalecer mi espalda baja porque a pesar de sus kilos la levanto cada vez que ella lo necesita.
Lola ha sido la razón por la que me despierto en las madrugadas desde hace mucho tiempo, el motivo por el cual ahorro siempre un dinero extra, mi desvelo, he recibido toneladas de amor, de risas, de cariño, de amistad, de compañerismo, de pura felicidad.
Vamos poco a poco gordita mía.

Necesito más a mi perra de lo que ella me necesita a mí. Necesito que me reciba en la puerta cada vez que entro, así haya salido a botar la basura. Necesito que me despierte al amanecer para que la suba a la cama y se acueste atravesada entre mis sabanas ese rato antes que suene el despertador. Necesito que me pida comida de la mesa, con sus ojos grandes suplicantes que logran que cada bocado me sepa a culpa. Necesito su colita feliz cuando lo llamo, su lengua con sabor a pescado en la cara, sus pelos en la ropa, sus abrazos de perro, su compañía constante, su atención y la forma en como exige la mía.
Lola es el centro de mi centro. La roca de mi ánimo, el caleidoscopio de mis tristezas, el pozo en el que limpio mi carácter, la esperanza en todo cuando la pierdo en la gente, mi reivindicación con la especie, mi catalizador de energías, mi peluche tibio viviente.

Así que realmente, sólo tengo un día a la vez, para quererla con todas mis fuerzas, para jugar con ella si se siente bien, para abrazarla si me deja, para pasearla.
Ruego porque nos queden más días buenos que malos. Han sido tantísimos los buenos ratos, que ante los malos no debería reclamar demasiado. Pero reclamo igual: ¡Quiero más días buenos con mi perra! ¡Muchísimos más!

Mientras escribo, lola duerme a mi lado con su respiración profunda y deliciosa como una cueva de sirenas bajo el mar. Hoy, esta feliz. Estamos felices.

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