O al transcurrir de los años nos vamos dando cuenta que en verdad el tiempo es sagrado, con sus cientos de minutos y sus indefinibles segundos. Que cada instante es una hoja a punto de ser llenada. Que los días pasan y la vida sigue.
Cada año que pasa, la situación es más fácil tal como compleja.
Ya miles de horas en que no me viste crecer, sonreír, o madurar poco a poco te extingues.
La única moraleja al fin y al cabo se remontó a entender que el tiempo es sabio. Que siempre hay un maldito porqué para que las cosas pasen. Que todo se pasa, que todo se olvida (o por lo menos cuando le ponemos muchas ganas).
Ya mi rutina no te necesita. Aprendí a despertar sola con la alarma del celular, a desconfiar de la gente, a alejarlos a todos.
Te faltó enseñarme, pero fui aprendiendo otras cosas que contigo nunca hubiese visto.
Cada día eres mas mito que cualquier libro de fantasía ¿Quien te puso en mi mente haciendome creer que eras diferente? Tengo tu recuerdo y un par de más detalles tuyos.
Tengo el minuto exacto en que entendí porqué te ibas.
Cuando deje de preocuparme por ti, aunque por dentro mi alma te anhelaba.
Admito que cada vez esto es más lejano, el recuerdo. Tú recuerdo, claro.
Sin embargo hay una parte de mi pecho donde sé que habitas y me coexistes.
Estamos insertos en ese pasado, en mí pasado que te veo de vez en cuando para recordar cuánto me quisiste y lo mucho que me has hecho falta.
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