QUE TU ME JUZGUES NO DEFINE QUIEN SOY SINO LA CLASE DE PERSONA QUE ERES TU POR ATREVERTE A HACERLO.
Luego de ese juicio que muchas veces solo se dice por suposiciones, por comentarios ajenos que ni nos molestamos en indagar, lo único que surge es más veneno y dolor. ¿Quién actúa peor? el que juzga o el que es juzgado sin haber sido siquiera analizado, investigado, sin que nadie se acerque a él para simplemente ser preguntado.
La respuesta es tan obvia que TODOS DEBERÍAMOS DEJAR DE SUPONER, DE JUZGAR, causando luego tantos daños como secuela de nuestra opinión emitida.
La inconsciencia está detrás del que juzga sin inquietudes de querer saber antes. El que quiere saber se mueve hacia el objetivo, se acerca a él, pregunta, averigua, analiza, lo intenta ayudar, entiende lo que le pasa, mueve fichas a su alrededor dando soluciones, ve la actitud o respuesta del otro al que está intentando guiar o ayudar, suda con él, se pone sus zapatos, y ni aún así sabe con exactitud lo que le está pasando, ya que no estuvo bajo su piel a lo largo de toda su historia, de todas maneras aún así, quizás pueda omitir alguna humilde opinión acerca de las circunstancias que rodean al otro, lo que no es lo mismo que juzgar, o acusar... sino simplemente DECIR LA VERDAD de lo que pudo comprobar luego del esfuerzo de entender su realidad.
No me catalogues, no soy un objeto. No me etiquetes, no soy mercancía. No me minimices, soy más compleja de lo que crees. No me divulgues, no soy un producto o una cosa. No me apuntes, no soy un blanco de tiro. No me difames, tengo el derecho de ser quien soy. No me encierres en esquemas, soy más libre de lo que te imaginas. No dudes siempre de mí, soy más verdad que error. Porque todos somos diferentes, tu no puedes juzgarme a mi, según tus valores... o juzgar mis prioridades o mis gustos personales, porque tú eres una persona distinta y, por tanto, tienes tu propia forma de pensar y de actuar.
Porque nadie es perfecto...
¿Quién soy yo para juzgar tus errores, cuando yo cometo tantos? Porque falta información, no puedes juzgarme sin conocerme y, menos todavía, sin hacer el intento siquiera de entender las razones de mi comportamiento. No sabes nada de mi historia, de mis necesidades, de las circunstancias que hacen actuar así. Te has quedado tan sólo con la parte visible, adaptada a tu conveniencia.
Porque las apariencias engañan ¿Y si lo que piensas que está ocurriendo tiene poco que ver con la realidad? Se debe pensar antes en el daño que se puede hacer con las palabras.
Porque quien juzga se define a sí mismo. La gente puede dar valor a mi opinión o no dársela. Pero es sólo eso: una opinión. Yo me defino por mis actos, por mucho que tu los critiques. Cuando me criticas eres sólo eso: Una crítica. Una crítica dispuesta a juzgar a la ligera a quien sea. Y, aunque juzgues con buenos argumentos, ¿estas haciendo algo bueno por mi? ¿No es preferible que dediques tus esfuerzos a tratar de entenderme antes que a criticarme? ¿te sientes mejor cuando me juzgas? ¿te olvidas de tus penas, de tus fracasos y limitaciones?
Quizás dejas de prestarles atención por un rato, mientras estas hablando de mis cosas.
Eso es todo. Juzgarme a mi no te da la alegría que te falta ni, a la larga, te hará mejor como persona. Estarás contribuyendo a perpetuar estereotipos, a extender la mala leche gratuita y a disparar antes de preguntar.
Recuerda siempre que:
Soy humano como tú.
Soy hija de Dios como lo eres tú.




